UN HOMENAJE A LOS FRÁGILES

Vivimos en una sociedad en donde ir al psiquiatra está estigmatizado. ¡En eso los norteamericanos tienen tanto que enseñarnos! En esta sociedad parece que los triunfadores son todos unos CAMPEONES, con una enorme formación y con un carácter y un temple fuera de lo común. Mi eslogan profesional se cimienta el el gobierno de la inestabilidad en el mundo de las empresas y de las Administraciones Públicas. Los primeros inestables somos los seres humanos, pero eso no es una tara. Solo hay que intentar gobernarse.

Recientemente se ha publicado una biografía del Oráculo de Omaha titulada “The Snowball: Warren Buffet and the Business of Life”, escrita por Alice Schroeder, y cuyo principal foco de atención es la vida personal de Buffet. En ella se le retrata como un hombre emocionalmente frágil, con una relación con las mujeres a menudo complicadas. La obra habla particularmente de la relación con su madre, de quien Buffet reconoció que era capaz de hundirle psicológicamente.

En 1952 Buffet se casó con la que sería su gran amor,  Susie Thompson, y se fueron a vivir a un apartamento destartalado por el que pagaban 65 dólares al mes. Durante un tiempo invirtió sin mucho éxito en una estación de servicio de Texaco y en inmobiliario y se hizo profesor nocturno en la Universidad de Omaha. Tuvo que ir a clases con el gurú de la comunicación  Dale Carnegie para vencer su tremenda timidez y poder hablar en público.

Warren sufrió mucho con el divorcio de su esposa Susie en 1977. Según la biografía, Buffet estaba perdidamente enamorado de su esposa y encajó muy mal el divorcio: estuvo viviendo como un vagabundo a las puertas de ella durante semanas, sin apenas probar bocado.

Pese a ello, ambos se profesaron un gran amor hasta la muerte de Susie en 2004, por un cáncer de garganta. Buffet se pasó semanas sin separarse de ella, y cuando murió, salió de nuevo su parte más frágil y no tuvo fuerzas para ir al funeral: “No puedo sentarme ahí, sobrecogido por todos los recuerdos de Susie, en frente de todo el mundo. Es demasiado, no puedo ir”. Susie preparó el camino de Warren tras su muerte, y pidió a su amiga Astrid Menks, que cuidara siempre de su marido. Menks se convertiría en la segunda esposa de Buffet a la muerte de Susie.

Siempre ha sostenido que tiene todo lo que necesita en su casa, la cual compró hace 50 años. En ella no existen ni siquiera rejas y tampoco cuenta con personal de seguridad. No tiene chófer, conduce su propio coche, y jamás viaja en aviones privados, a pesar de ser dueño de la compañía aérea de jets privados más grande del mundo. No usa teléfono móvil ni ordenador.

Warren Buffet no trata con personas de clase alta, y su mayor pasatiempo, cuando llega a casa después de trabajar es prepararse un bol de palomitas de maíz y ver la televisión.

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