SIEMPRE HAY UN HUECO EN EL MERCADO

El viernes, día diecinueve del presente mes de octubre, había quedado con Antonio, no doy más datos con el fin de no proceder sin su permiso. Nos vimos en una cafetería sobre las diez y cuarto de la mañana. Hacía años que no lo veía y yo, a través de su hermano, había provocado ese encuentro.

La conversación duró aproximadamente una hora y media. La razón de ser de la misma había sido que yo era consciente de que Antonio podía ayudarme a tener una visión sobre un determinada actividad empresarial, en la que él había desarrollado sus servicios profesionales durante años. 

Es difícil vivir cada día de la semana sin que las noticias, comentarios y opiniones negativas de la situación actual no nos invadan. Trato de aislarme de todo ello, pero resulta tremendamente difícil sin convertirse casi en un anacoreta. Todo es negativo. La economía está…los políticos son…el futuro se antoja…la ilusión no…mañana tampoco…

Resulta muy duro sobrellevar el día a día, si tienes como primer objetivo no dejarte contagiar por la corriente de pesimismo reinante. Parece que cada persona que te encuentras durante el día, y no quiero obviar la realidad económica, está deprimida, no me refiero a un diagnóstico psicológico, desilusionada, triste y apática. Pero hay lago todavía peor, pretenden de forma intencionada o inconsciente, que todos estemos igual.

Cuando le pregunté a Antonio después de un buen rato de intercambio de información, “en un mercado maduro, ¿cómo ves las posibilidades de lo que te estoy contando?”. Sus primeras palabras, sin entrar en análisis profundos sobre el proyecto empresarial, fueron: “SIEMPRE HAY UN HUECO EN EL MERCADO”.

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