EMPLEO NO HAY, PRODUCTIVIDAD NO QUIERO

Uno lee la prensa todos los días, confieso que cada día infinitamente menos, y las “mentes” de este país siguen hablando de empleo y de productividad. Reconozco que no soy capaz de determinar si no dan más de si o si lo hacen con mala intención.

Partimos de lo absurdo de encuadrar como “mentes” a los políticos que legislan, a los empresarios que hablan de productividad y a los sindicatos que hablan de empleo. Reconozco que cuando escribo con mi teclado la palabra “mentes”, he activado la función F99, la del sarcasmo.

El empleo se ha acabado. El empleo es una forma de relación vinculada a la actividad económica que está muerta. Sólo habrá empleo en aquellas zonas en donde los procesos sean los que hemos utilizado en occidente hasta ahora y que parten de situaciones de menor desarrollo. Ello no significa que todo está perdido, sí habrá TRABAJO. Habrá trabajo si nos ilusionamos, si innovamos y sobre todo si nos damos cuenta de que debemos aprovechar los cambios que se están produciendo.

La productividad es una enfermedad. Parece que el mantra para salir de la crisis es que hay que ser más productivo. La búsqueda de la productividad ha llevado a la “anorexia” a nuestras empresas. La explicación es que se ha tocado la pata fácil en el asunto de la productividad, nos hemos dedicado a reducir costes. Lo que hay que buscar es la competitividad, que es la suma de la imagen que nuestra empresa tiene en el mercado y de la eficacia operativa de la misma.

Mientras sigamos hablando de empleo y de productividad en lugar de TRABAJO y COMPETITIVIDAD, seguiremos con las “mentes” en la función F99.

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