¿UN ADULTO MAL CRIADO?. ¿RECONOCES A TU EMPRESA?

Mis admirados Jaime Alonso, Luis Galindo, José María Gasalla, Luis Huete…se sentirían decepcionados por permitir que las noticias del presente ocupen mi tiempo. Me refiero a las noticias que nos invaden de corrupción, enchufismo, desahucios…pesimismo generalizado. No me malinterpreten. Estos señores no dicen que vivamos de espaldas a la realidad. Con el permiso de Luis Galindo, #reilusionate.

Esta es la historia de un embarazo deseado, de cinco madres primerizas y de una vecindad complicada. Adolfo Suarez, omito en este cuento a Leopoldo Calvo Sotelo, tuvo un hijo, España. Embarazo deseado por la mayoría, pocos se oponían. Nació prematuro y con frío, pero con unas enormes ganas de respirar y vivir.

A el hijo que ya sabía andar y hablar lo adoptó Felipe González. Lo llevó hasta la juventud. Yo no sé si ese hijo fue un adolescente poco responsable, que sólo ha pensado en hacer botellón, cuya segunda matriarca no le ha impuesto una disciplina férrea que le hubiese permitido afianzar determinados valores muy útiles en el futuro.

Y llegó a la juventud y su nueva matriarca, José María Aznar, no le limitó las salidas nocturnas, el exceso de horas de gimnasio, y su obsesión por la estética. Pensó, igual que las matriarcas anteriores, que su hijo era bueno de nacimiento y que lo pequeños excesos no tendrían mayores consecuencias.

Sin darnos cuentas el hijo se volvió adulto, hablamos de ese adulto que acaba de dejar la juventud hace poco. Todo lo sabe, todo lo entiende, la gente es buena por naturaleza, el espíritu interior…las cervezas con los amigos, la vida sedentaria, en definitiva barriga por abandono.

Y así tenemos a un adulto sin disciplina, sin formación, preocupado por la estética, que habla de todo y que jamás se ha parado treinta segundos delante de un espejo para mirarse dentro. Y este hijo está en manos de la quinta matriarca, Mariano Rajoy. No sé que hará con el hijo, pero creo que se equivocará si se para a juzgar lo mal que lo han hecho las anteriores. Además, no todo lo han hecho mal.

¿Reconoces en este cuento a tu empresa?

 

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