¿ES USTED EMPRESARIO?, ALQUILE UN DIRECTIVO

Forrest Gump es una película cómico-dramática de 1994 basada en la novela del mismo nombre de 1986 escrita por Winston Groom. La película cuenta la historia de un hombre simple a lo largo de su vida, conociendo figuras de relevancia histórica y siendo testigo de eventos de magnitud, pero siempre sin darse cuenta de lo que está pasando a su alrededor ni de su significado, debido a su retraso mental. Sin embargo, las cosas le salen mucho mejor que las personas normales. Si tuviésemos que mencionar en que podemos relacionar esta película con el gobierno de las empresas, diríamos aquello de debemos alquilar incluso las zapatillas con las que corremos.

 Empresario es el que emprende y directivo es el que dirige, o como yo prefiero denominarlo, el que gobierna. ¿Cuántos maravillosos proyectos se han venido abajo, algunos ni llegaron a levantar el vuelo, por no haber distinguido estás dos facetas tan dispares? Esta es la respuesta que alguien dio a la pregunta de por qué no se había convertido en directivo:

  “No soy un directivo. Soy muy malo, muy malo dirigiendo. No soy bueno, sobre todo, dirigiendo personas, porque todas las cosas que predico no las puedo poner en práctica. No delego, lo tengo que hacer yo mismo y, si no, no estoy satisfecho. Todas las secretarias que he tenido se quejan amargamente de que no les dejo hacer mis reservas de avión, de que no confío en ellas. Nunca podría convencer a ninguna de ellas de que no era porque no confiase en ellas, sino porque me divierte hacerlo a mí mismo. No soy un directivo. No hubiese podido levantar una gran consultora. Para una gran consultora te tiene que gustar vender y a mí no me gusta. Mucha gente me ha hecho esa pregunta y la respuesta es muy simple. No es porque a mí no me gustase vender realmente, sino porque pienso que no hubiese podido hacerlo. De hecho, yo sé que no hubiese podido. Siempre que estoy en una posición directiva soy ineficaz y desgraciado a la vez, y mis socios me tienen una amarga antipatía por ser arbitrario, caprichoso y reservado”

 Quizá la lectura del párrafo anterior no despierte excesivas emociones, a mí me ha mostrado una elevada dosis de humildad en su autor. ¿Conocen ustedes a muchas personas capaces de reconocer sus propias limitaciones? Por cierto, se me olvidaba comentarles que el autor de la respuesta es Peter Drucker.

 En la cadena de valor que resulta de la idea, creación y explotación de un proyecto empresarial, la actitud emprendedora es el primer escalón, el pilar. Y lo es tanto por el enorme valor que aporta como por su escasez. El segundo escalón lo otorgamos al talento directivo y así iremos bajando escalones hasta aquel en que su aportación de valor es escasa y la cantidad de recursos cuantiosa.

 Emprendedor y futuro empresario no cometas el error de ejercer de directivo, compra su talento. O mejor aún, alquila talento directivo.